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Las Víctimas

Las víctimas de la leche

El planeta y sus habitantes nos vemos directamente afectados en la obtención de este producto, pero sin duda quienes se llevan la peor parte son las vacas explotadas en la industria láctea. 

“¡Pero las vacas no sufren si tomamos su leche!”

Muchos hemos llegado a pensar esto, pero estos animales no generan leche de manera espontánea: necesitan embarazarse. Llevan a sus bebés en el vientre el mismo tiempo que las madres humanas, nueve meses. Al nacer, madres e hijos son separados, y no creas que se deja un poco de leche para los becerros recién nacidos, en el mejor de los casos son alimentados con una mezcla de nutrientes, en el peor, con leche de desperdicio proveniente de vacas con mastitis a las que les han administrado una cantidad considerable de antibióticos. 

Las vacas sufren por semanas la separación y para sus crías la vida en la industria lechera tampoco es fácil. Si son machos serán enviados al matadero. Si son hembras, también añorarán a su madre y pasarán por procedimientos dolorosos y traumáticos como el descorne, en el que los cuernos son amputados, cauterizados o removidos con sustancias cáusticas. Pasarán sus primeras semanas en aislamiento. 

La leche no es buena para el planeta 

La producción láctea es una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero como el metano, el óxido nitroso y el dióxido de carbono. Estos gases son responsables por el fenómeno del calentamiento global. 

El rumbo que está tomando la industria, tanto por economía como estrategias para causar un menor impacto, es la intensificación; esto es tener más vacas en un espacio más reducido y forzarlas a producir más leche de la que ya producen y modificar su alimentación para cambiar sus emisiones. Realmente no existe evidencia robusta de que esto funcione. 

EAT es la plataforma científica global para la transformación del sistema alimentario. En su más reciente reporte aconsejan reducir la ingesta de carne y  lácteos de un 50 a 80% para 2050. Mientras ellos hacen esta recomendación, entre 2005 y 2015 las emisiones de gases de la industria láctea aumentaron un 18% cuando la tendencia debería ir en la dirección contraria.

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